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Guía

Cuánto cuesta un programa de fidelización para restaurantes en España

La cuota del software es la parte pequeña de la cuenta. El gasto de verdad son las recompensas que vas a entregar, y eso depende por completo de la recompensa que elijas.

Actualizado el 21 de agosto de 2026

Quien busca este número quiere saber si le sale a cuenta. Así que vamos a sumarlo todo y después calcular el retorno, con cifras de un restaurante de barrio español.

Los cuatro costes

1. Software. En España, las herramientas de tarjeta de fidelización digital para un solo local se mueven entre 25 € y 60 € al mes. Las plataformas internacionales con mil funciones se van por encima de los 100 €. Los sistemas de tarjeta física con terminal propio salen más caros y te atan a un hardware. A todo esto súmale el 21 % de IVA, que te deduces si estás dado de alta, así que lo que pesa de verdad en la cuenta es el importe sin IVA.

2. Recompensas entregadas. Es el coste real y casi nadie lo calcula antes de empezar. Con una recompensa del tipo «la décima comida, gratis», lo que sale de tu bolsillo es el coste de la materia prima, no el precio de la carta. En un menú del día de 14 € con un escandallo del 30 %, cada recompensa te cuesta unos 4,20 €.

3. Tiempo del equipo. Dos o tres segundos por escaneo, más los primeros días explicándolo en barra. Dentro de la cuenta es ruido, siempre que la mecánica sea rápida. Si obligas al cliente a instalar una app, el tiempo por alta se dispara y el equipo deja de ofrecerla a la tercera semana.

4. Material. Un par de carteles de mesa con el QR, unos euros de imprenta. Con papel entra aquí, además, la reimpresión de las tarjetas cada vez que cambias la oferta.

La cuenta completa de un mes

Supongamos un bar de barrio con cocina: 900 comidas al mes, ticket medio de 15 € con IVA incluido, margen bruto del 65 %, 120 clientes apuntados al programa y recompensa de la décima comida gratis.

Software: 30 €. Recompensas: si 25 clientes llegan a los 10 sellos ese mes, son 25 × 4,20 € = 105 €. Material: 5 € prorrateados. Total, unos 140 € al mes.

Fíjate en el reparto: el 75 % del coste del programa son las recompensas, dinero que solo sale cuando el cliente ya ha vuelto nueve veces. Es el tipo de gasto que conviene tener.

Y el retorno

Antes de celebrar nada, el IVA. Ese ticket de 15 € lleva dentro el 10 % de hostelería, así que lo que entra de verdad en caja son 13,64 €. Con un margen bruto del 65 %, cada visita te deja unos 8,86 €.

Si el programa consigue que esos 120 clientes hagan, de media, media visita más al mes, son 60 visitas extra. A 8,86 € de margen por visita, unos 530 € al mes.

Contra 140 € de coste, sale a cuenta con holgura. El punto de equilibrio está en 16 visitas adicionales al mes: una visita de más al mes de uno de cada ocho clientes apuntados.

Nada de esto pasa solo. Si el programa no cambia el comportamiento de nadie, sigues pagando recompensas a gente que ya venía igual, y ahí pierdes dinero. Por eso medir visitas por cliente antes y después importa mucho más que contar altas.

Ponlo al lado de lo que ya gastas en traer clientes

Esos 140 € ayudan a colocarse cuando los comparas con lo demás. Una plataforma de reparto se lleva entre el 25 % y el 30 % de cada pedido que pasa por ahí, así que con 600 € de pedidos al mes ya has superado el coste del programa. Una campaña discreta en Instagram para el barrio se va a 100 € o 150 € al mes sin garantizarte que nadie repita.

La fidelización juega en otro sitio: gasta sobre clientes que ya te conocen y que ya han pagado nueve veces antes de costarte un euro. Crece más despacio, pero es más barata y mucho más previsible.

Dónde se escapan los costes

Recompensa demasiado generosa. Un 20 % de descuento permanente queda muy bien en el cartel y se come el margen sin que lo notes, sobre todo si la casa ya trabaja ajustada.

Contratos anuales con hardware incluido. Los terminales propios crean dependencia y cuestan bastante más de lo que sugiere la cuota mensual.

Programas que no usa nadie. El peor coste es pagar una cuota por una tarjeta que el equipo dejó de ofrecer al mes de arrancar.

Y un clásico de las terrazas en verano: sellar por consumición en vez de por mesa. Si cada caña cuenta como un sello, la recompensa llega en dos tardes y el programa se convierte en un descuento encubierto.

Qué preguntar antes de firmar

¿El cliente tiene que instalar algo? Si la respuesta es sí, cuenta con una tasa de altas baja desde el primer día.

¿Puedo ver cuántos clientes están activos y cuántas visitas hacen? Si la respuesta es vaga, estás comprando un sello de caucho caro con panel.

¿Puedo darme de baja cuando quiera? Una herramienta de fidelización con permanencia tiene su gracia, pero no la necesitas.

¿Los datos de mis clientes son míos y me los puedo llevar? Contesta a esto antes de meter ahí a 500 clientes habituales.

Nuestros planes y lo que incluye cada uno están en precios, y si todavía estás decidiendo el formato, la comparativa entre papel y digital va justo a eso.

Las cifras de esta guía son ejemplos ilustrativos, para enseñar cómo se hace la cuenta. Los números de tu local dependen de tu ticket medio, tu margen y tu volumen.

¿Quieres probarlo en tu restaurante?

Se monta en unos 15 minutos. Tus clientes guardan la tarjeta en la cartera del móvil y tú ves, en euros, lo que te está devolviendo la fidelización.

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